Eje cerebro-intestino

Eje cerebro-intestino

Aquí tenéis resumidas las principales ideas de un excelente trabajo de una alumna de la ECO (Escuela del Concepto Osteopático) que os adjunto a continuación, por si queréis profundizar en la bibliografía.
El sistema digestivo posee una red extensa de neuronas (100 millones), que van del esófago al ano, es el sistema nervioso entérico (SNE),
La estructura de las neuronas del SNE es totalmente idéntica a la estructura de las neuronas cerebrales y tienen la capacidad de liberar los mismos neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas. Por tanto pueden funcionar independientemente pero están reguladas por el sistema nervioso autónomo. Diversas emociones como la ira, el miedo o la ansiedad pueden retardar la digestión por la estimulación de los nervios simpáticos.
La influencia aferente sensorial del intestino sobre el cerebro es 4 veces más grande que la influencia motora eferente del cerebro al intestino. Los psiconeurotrasmisores parecen llegar al cerebro mediante varias vías a través del intestino y de esta manera afectan la función del cerebro de tal modo que pueden producir varios trastornos (ansiedad, depresión, transtornos neurodegenerativos). El uso de probióticos y de glutamina mejora significativamente estos trastornos.
El intestino con más de 20 hormonas formadas en células endocrinas de la mucosa intestinal es uno de los mayores órganos endocrinos del cuerpo humano.
Los niveles altos de insulina (producidos por dietas altas en azúcares o niveles altos de cortisol en un estrés crónico), pueden conducir a resistencia a la insulina, en estos casos la glucosa es transformada en triglicéridos. También puede haber resistencia a la leptina (anorexígena), el cerebro no se percata que los depósitos de ácidos grasos están llenos, lo que se relaciona con la obesidad. Los niveles altos de cortisol hacen que la grasa se almacene en la zona abdominal (factor de riesgo cardiovascular y de estados de inflamación crónica de bajo grado).
La microbiota intestinal humana, compuesta por una comunidad de unas 1014 bacterias, tienen diferentes funciones como la producción de enzimas digestivas, la producción de las vitaminas B y K, la producción de anticuerpos y la inhibición del crecimiento de las bacterias dañinas y de los hongos. Se considera cada vez más como otro órgano o sistema diferenciado, desempeña un gran papel en la inmunidad, digestión, metabolismo, inflamación y proliferación celular, y es capaz no solo de comunicarse con el epitelio intestinal, sino también con otros órganos y sistemas distantes como son el cerebro y el aparato locomotor.
La alimentación, el estrés, el uso de antibióticos, el modo de nacimiento, la edad y el uso de ciertas drogas pueden afectar a la flora intestinal haciéndola permeable a los agentes patógenos. Cuando la flora intestinal se altera, también se altera la producción de los neurometabolitos, lo que repercutirá en nuestra función mental. En experimentos de laboratorio se ha logrado provocar cambios en el comportamiento de las ratas administrándoles ciertos microorganismos.
La exposición al estrés conduce a una amplia gama de trastornos gastrointestinales como la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome del intestino irritable, enfermedades funcionales gastrointestinales, enfermedades relacionadas con una respuesta adversa a un antígeno, la úlcera péptica y la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Los mastocitos son importantes efectores del eje cerebro-intestino, traducen las señales de estrés en la liberación de una amplia variedad de neurotransmisores y citoquinas proinflamatorias, que podrían afectar profundamente la psicología gastrointestinal. La ansiedad, tristeza, depresión de una manera prolongada altera la energía de todo el cuerpo y su impacto se hace sentir a nivel de todas las funciones del sistema digestivo.
Una dieta con baja carga glucémica, para no elevar la insulina, ingerir los suficientes aminoácidos y ácidos grasos de calidad, con vegetales y frutas para una correcta flora intestinal, si es necesario suplementar con probióticos, glutamina, vitaminas, fitoterapia o precursores de los neurotransmisores, junto con hacer ejercicio y/o técnicas de relajación es lo que podemos recomendar a nuestros pacientes para que cuiden su eje cerebro-intestinal.

Documentación: Eje cerebro-intestino

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